Si en algún momento, alguien se pregunta que es un drama intimista, la mejor respuesta puede ser esta película. En esta lo importante no es lo que se ve, sino que se siente cuando se ve, porque al fin y al cabo trata de eso, de sentimientos.
El director cuenta sin caer en ningún tipo de sentimentalismo barato la historia de un padre (encarnado por un magnífico John Cusack) encargado de educar y cuidar a sus dos hijas mientras su mujer está desplegada en Irak. Como ya todo el mundo sabe, un día recibe la noticia de que su mujer ha caido en combate pero hasta ese momento, se nos ha ido mostrando con sumo cuidado y gusto que tipo de relación tiene con sus hijas y como intenta educarlas sin enjuiciar si lo hace mal o bien, tan sólo mostrándolo como parte de la vida que lleva y en eso radica una de las grandes bazas de la película.
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