Juan tiene cuarenta años, de los cuales la mayoría los ha dedicado a vivir en Cuba sin hacer absolutamente nada. El único vínculo emocional de Juan es con su hija, Camila, una joven y bella muchacha que no quiere saber nada de su padre porque lo único que hace es meterse en problemas.
De pronto comienzan a suceder una serie de extraños acontecimientos: la gente se vuelve violenta y se atacan unos a otros. Al principio Juan está convencido que no es más que otra etapa de la Revolución. Los medios de comunicación oficiales se refieren a los ataques como incidentes aislados provocados por disidentes pagados por el gobierno de los Estados Unidos.
No son vampiros, no están poseídos, pero definitivamente no son disidentes. Pero esta plaga de sanguinarios agresores parece incontrolable. La población ha quedado indefensa. Llega un momento en que la única solución que encuentran algunos es tirarse al mar para huir de una isla convertida en una verdadera carnicería, y a Juan no le queda más remedio que hacer lo contrario de lo que ha hecho toda su vida: asumir la responsabilidad y ponerse en el papel de héroe, guiando sus seres queridos con la esperanza de sacarlos a salvo de la locura en que se ha convertido una Habana repleta de zombies hambrientos.
CRÍTICA: El cubano cuba quiere Seamos sinceros, cuando uno de nuestros compañeros de foro me dijo que le apetecía ver una película llamada Juan de los Muertos, la cosa no me sonó demasiado bien. Vale que íbamos al Festival de Sitges y que como buen festival de cine fantástico, el título de la película debía de ser estrambótico cuanto menos, cosas como TrollHunter, Zombies vs Monstruos, etc.. Están a la orden del día y de hecho se agradecen, ya que normalmente te ayudan a intuir que vas a ver, cosa por otro lado nada complicada en un festival de este tipo, en el que la sangre, vísceras, fantasía y cualquier cosa fuera del espectro normal tiene cabida, pero aun así cuando me dijo que le apetecía mucho ver esta, digamos que no me emocioné. Debido a los años que ya tiene nuestra amistad y a la multitud de películas que juntos hemos disfrutado o sufrido, pero sobre todo tertuliado (bonito palabro que me acabo de sacar de la manga como si tal cosa), la opción de ver cualquier cosa sobre la que luego podamos debatir siempre es algo que me apetece tener en cuenta, asi que aun con mucho miedo pero con la misma cantidad de esperanza, busque información del film en cuestión.
Lo primero que me llamó la atención es que fuese Cubana, aunque en colaboración con España, lo cual no se si es una ventaja o un inconveniente. No voy a mentir, a mi de cine cubano no me suena nada más allá de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, de hecho los dos únicos filmes que recordaba claramente eran Guantanamera, que no me sedujo lo más mínimo y Fresa y Chocolate que ya si que dejó un mucho mejor poso, pero no conocía ni de oídas (seguro que por mi culpa no diré que no) a Alejandro Brugués ni por supuesto había visto ninguno de sus trabajos anteriores, lo cual tampoco jugaba a favor suya. Lo segundo era la sinopsis, en la que resumiendo se decía que en una Cuba infestada de Zombies, el protagonista montaba un negocio a base de matar los Zombies que los demás no tuviesen el valor de matar. Es decir, esto es una comedia cubana de zombies lo que aun hizo aumentar más mis prejuicios sobre ella, tanto que preferí no ver el trailer. Por supuesto, accedí de buen gusto a comprar un asiento junto al de nuestro compañero y que fuese lo que Dios quisiese.
Una vez llegado el día o mejor dicho la noche... pero que muy noche, me dispuse a enterrar todos mis prejuicios y dejarme invadir por esta hueste de disidentes pagados por los USA y vaya si lo conseguí. No voy a decir ahora que fue la peor película que vi en el festival, tampoco voy a decir que fue la mejor porque eso haría poca justicia a filmes mucho más destacables, pero lo que si diré con la voz bien alta es que fue con la que más me divertí de todas las que vi y creedme, vi muchas. Por lo pronto, no es una película de Zombies al uso, de eso hay más bien poco. Los zombies son la gamberrada perfecta (porque más que excusa es gamberrada) para hacer según que cosas en determinados momentos de la película, que sin estos entrañables seres carcomidos, lentos y tontos como ninguno no tendrían razón de ser, de que otra forma un tirachinas se va a convertir en una mortífera arma sino es para matar Zombies por poner un ejemplo.
Pero Alejandro Brugués ha intentado ir un paso más allá y ayudarse de esta gamberrada para reírse y a la vez retratar esa imagen del cubano vividor, que aun sin tener donde caerse muerto, sigue viviendo la vida como si la cosa no fuese con él. Ese perdedor que le echa todas las culpas de su situación a la revolución, a los imperialistas americanos o a lo que toque en ese momento, y que se empeña en todo momento en que lo mejor es salir de la isla, porque en esta es donde no hay futuro. Un pasito más allá de todo esto, no se esconde, sino que saca la cabeza sin ningún pudor una crítica social a la sociedad cubana y su forma de ser y actuar, todo a través de las vivencias que va sufriendo y ha sufrido el protagonista y la pandilla de mequetrefes buscavidas que rondan a su alrededor, todos tan particulares como Juan y que harían las delicias de nuestro Pedro Almodóvar en cualesquiera de sus filmes.
El problema es que no sólo con intenciones y crítica se saca un filme adelante y eso por desgracia aquí se nota mucho. Lo que arranca magníficamente, con una presentación de personajes y de la situación más que divertida, se convierte en algo ya visto a los 30 minutos, y mucho más visto a los 50 minutos, asi que ya ni os cuento lo que vais a ver a la hora, porque cualquiera puede adivinarlo sin temor a equivocarse, sí, lo mismo de antes. Y es que más que una película, da la sensación de que hubiese tenido muuuucho más jugo y enjundia un simple corto, que esta sucesión forzada de gags que a veces sólo sirven para llegar al siguiente en el que meter una pullita social y este a su vez lleva al siguiente y así sucesivamente, dando vueltas en una espiral que se fagocita a si misma hasta llegar al final allá por el minuto 94, cuando no solo las carcajadas se agotan sino también las ideas, dejando un momento final de crítica más que duro contra el propio cubano que no hace sino recordarnos que todo esto se suponía un toque de atención social en clave de comedia, que ha acabado por convertirse en una burla de si misma incapaz de llevar a buen término sus propias convicciones.
Por suerte para mí, y lo vuelvo a decir con la boca bien ancha ME LO PASÉ EN GRANDE con este Juan de los Muertos, por mucho que alguno de los que estaban en la sala se terminasen cagando en los mismos.
Lo Mejor:
- Algunos momentos realmente hilarantes.
- La crítica final a los propios cubanos.
- Algún que otro homenaje a los grandes del género de Zombies.
Lo Peor:
- Altibajos que llevan a más altibajos.
- Pretender ser más por ser largometraje.
- Actuaciones que no llegan.